Turqueta


Cierro los ojos, inspiro profundamente el aire limpio, mientras camino sin rumbo, sin dejar de oler sus particular aroma. Me pierdo en la oscuridad, el sol se muestra al final del camino. Sonrío al ver la luz más allá de la espesura que se refleja en una arena fina y blanca. Salgo del bosque, la arena quema entre los dedos de mis pies, camino rápido, muy rápido. Levanto la cabeza y veo el mar, corro hacia la orilla, hasta mojar los pies en el agua cristalina. En ese instante, sé que he llegado al paraíso.

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